sábado, 2 de enero de 2021


LACAYO


En lo imposible encontré a 
una princesa, en donde la
oscuridad jamás llega.

En lo imposible, porque a 
pesar de estar cerca, ella no
es de cualquiera.

En mis caminos estaba con
sus doradas sandalias, yo no
era, exactamente, lo que ella
buscaba.

En mis andares se cruzaba,
como si de una coincidencia 
se tratara. No era yo a quien
ella esperaba. 

En lo profundo del bosque
se perdió la princesa, quizá
lo hizo adrede para que el
príncipe viniera a por ella.

Entre los árboles un susurro
se camuflaba, era la princesa
ahogándose en sus propias
lágrimas.

En el final del día encontré
a quien dijo ser hija del rey.
Me hice pasar por soldado
para que no viera que soy
un simple lacayo. 

En la fría noche acompañé
a la princesa para que no 
fuera pasto de alguna fiera.
En la fría noche quise abra-
zarla para que su cuerpo no
se congelara.

En el castillo dejé a la prin-
cesa y corrió a los brazos de
su majestad la reina.  
En el castillo me despedí de
ella porque los guardias no
me dejaron ir más allá de las
puertas.

En lo imposible la encontré.
Yo soy un simple lacayo y 
ella la hija del rey.

Escrito por: Rigo Turunen
todos los derechos reservados 2020


 LUCIÉRNAGA

Dolorosa manera de llevarte 
por los rincones de mi deseo.
En voz baja, casi ahogada, te
repito como si estuvieses en
la misma locura prefabricada
que, a veces, me consuela.

Borracho de imágenes en las
que se derriten mis hormonas,
doy rienda suelta a todo este
sentimiento, atormentado, que
se está dejando morir en la ne-
cesidad.

Mi corazón se balancea como si 
estuviera bajo los efectos del te-
quila; loco enamorado al filo del
barranco que me llevará hasta el
olvido.

Y no te amo por llevar encima la 
gracia que heredaste de tu madre,
si no porque aprendí a verte más
allá de tu cobertura; la misma que
me mantiene sumido en la indigen-
cia.

Te miro y te admiro desde todas
las prohibiciones, verte feliz, sin
ser yo el que lo provoca, hace 
que mis vertebras se martiricen.

No deseo maldades para tu vida,
pero si un poco de soledad para
que, en tus ratos de reflexión, mi
presencia se pueda pasear por ese
arisco territorio. 

Mi querida luciérnaga de media
noche, luz que da vida a todas mis
frustraciones; como llaga dueles y 
como puñal hieres.
No hace falta que me tengas pena,
no pretendo cosechar tristezas.

Eres superior a mis ganas y mucho
más fuerte que mi imaginación. Me
autoflagelo en silencio para dejar de
ser sentimiento. 

Ojalá pudieran tocarte mis suspiros,
ojalá estas oscuridades se convirtie-
ran en tus paraísos. Ojala...

Escrito por: Rigo Turunen
todos los derechos reservados 2020


viernes, 7 de diciembre de 2018

TEÍNA

Te creí disuelta,
como la transparencia
del agua en contacto
con la teína.

Pensé haberme librado
del cargo de conciencia,
del aroma inexistente
que sólo por mi deseo
se paseaba.

Imaginé a mis dedos
gozando de libertad,
yendo por otros senderos,
conjugando verbos sobre
distintos pechos.

Aposté que mi corazón
sería el primero en volver
a llenarse, que los ecos
del espantoso sentimiento
desalojarían este estado
de casi hundimiento.

Estuve seguro de poder
enamorar al constante
olvido, amnesia nocturna
que sólo dura hasta las
seis de la mañana.

Pero me equivoqué...

Sigues tan sólida como
en los primeros momen-
tos. Te paseas, esencia,
reafirmando que fuiste
la dueña, también un par
de letras siguen conta-
minando a estos versos
con tu presencia.

Sigo vacío, por que aún
no te has ido. Los recuer-
dos son mis tres comidas
diarias, no tiene cabida
el olvido en mi pequeño
paraíso.

Está claro que me equivoqué.

Escrito por: Rigo Turunen
todos los derechos reservados 2018

SI ME VES DORMIDO - Poema - (despedida)